martes, 18 de mayo de 2010

El tango danza, ejercicio y placer


Encontramos en el ejercicio del baile de tango un altísimo efecto terapéutico para personas estresadas, tímidas, inhibidas, con mal manejo de su cuerpo, con dificultades para contactarse con otros, y para expresar sus emociones.


El estrés genera un una serie de efectos sobre el cuerpo que se traducen en contracturas, dolores, calambres, inhibición muscular, enfermedades psicosomáticas, y muchas otras. Las personas que bailan tango tienen mayor posibilidad de liberar esas tensiones mediante una descarga motriz suave, acompañada por una música agradable, un compañero de baile que sirve de referente y apoyo, y un grupo de baile que funciona como espacio de socialización.

Para bailar tango la persona debe conectarse con su propio cuerpo, ser conciente de su respiración, de sus movimientos, lo cual favorece a una mayor integración del esquema corporal (representación psíquica del cuerpo y los movimientos ubicados en un espacio).

La concentración en el propio cuerpo, la música y el compañero de baile exige que la persona este en un estado de concentración tal, que todos los problemas y actividades del día sean olvidados, y creo que este es uno de los puntos básicos.

Para bailar el tango se requiere una entrega, una confianza y un contacto físico con el compañero que facilita el manejo de las relaciones interpersonales, la expresividad corporal, el dominio de la sensualidad y la comunicación paraverbal. Es ideal para personas con rigidez corporal y emocional, ya que se produce un contacto no solo corporal , sino también con la música que tiene variaciones muy marcadas en los ritmos de modo tal que favorecen el flujo de las emociones. Sin lugar a dudas una persona que mejore estos aspectos se sentirá más relajada, saludable, confiada en si misma y podrá optimizar sus relaciones interpersonales.

El tango establece un importante punto de conexión entre la mente y el cuerpo ya que exige una concentración en la respiración, en los ritmos de la música, en los movimientos del propio cuerpo y del compañero, de modo tal que no hay lugar para las preocupaciones del día, que tanto estrés nos produce. Este estrés genera efectos varios en el cuerpo, como contracturas, dolores, enfermedades varias, etc. Es por eso que esta práctica es recomendada para la terapia de reversión que utilizamos en nuestro tratamiento de enfermedades crónicas y degenerativas, y el tratamiento psicofísico de los padecimientos que encuentran su origen en el estrés crónico.

También posibilita una canalización de esa energía mediante la descarga motriz, y de las emociones que transmiten la música. Mientras se baila tango, la persona libera una alta dosis de endorfinas, las cuales producen un placer endógeno difícil de producir para algunas personas.

El hecho de adquirir nuevos aprendizajes y destrezas físicas también tienen un alto valor de satisfacción y terapéutico.

El contacto físico y visual con el compañero de baile optimiza la comunicación interpersonal, ayuda a superar inhibiciones y a manejar mejor nuestro propio cuerpo, lo cual contribuye a mejorar la autoestima y confianza en el otro.

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